Esta es la verja del parque/mirador Imbert en Santiago, la ciudad donde vivo; este parque antes de ser remozado, como la gran mayoría de los de la ciudad era un nicho de peligros y demás familiares; al quedar en una zona algo retirada el lugar se tornaba demasiado peligroso en horas de oscuridad, pero también a veces en horas de plena luz.
En la ciudad decidieron remozar los parques, y a éstos en su remodelación se les volvió a poner verjas, esta vez altas y casi impenetrables. Me pareció curioso el comentario de un señor de mayor edad que comentaba cómo a estos lugares, en los tiempos de antes, se les colocaba la verja para que los animales que vivían en las calles no entraran a ellos, pudiendo cualquier persona entrar al parque, no importara la hora. Pero, ahora, se les estaba poniendo las verjas para que las personas no entren luego de una hora estimada.
Algo totalmente curioso, lo que usábamos para proteger y cuidar para nosotros ahora lo protegemos y cuidamos de nosotros mismos...

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